Buenos días

Abrió medio ojo. Allí seguía esa rodilla hincándose en su pierna y había vuelto a destaparla. No le importó, aquello era felicidad, no podía ser otra cosa.

Notó cómo le acariciaba la cara con cariño. Quería despertarla y ella le siguió el juego haciéndose la dormida. Sabía cómo empezaría aquella mañana y estaba encantada.

Siguió acariciándola y bajó por el cuello, despacio, sin ningún tipo de prisa, dejando un rastro de piel erizada por cada zona que tocaba. Estaba consiguiendo lo que quería: que el cuerpo de Paula reaccionase, así que siguió con su ruta.

Bajó por su brazo, llegando hasta la mano, cogiéndola y acariciando cada uno de sus dedos. ¿Podía haber mejor forma de despertar a alguien? Diría que no.

Volvió a subir hasta el hombro, para coger otro camino y llegar hasta sus pechos, acariciándolos por encima de la camiseta que llevaba puesta, su camiseta, esa que le quitó para dormir, para dejarla impregnada con su olor.

Sabía que era la hora, la hora de abrir los ojos y que disfrutasen los dos. Se giró hacia él y le miró a los ojos, empezando a acariciarle también.

Gerard sonrió, se acercó un poco más a ella, y mirándola a los ojos le dijo: “Buenos días.”

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