Lo que necesitaba

Aquella chica que pedía a gritos mudos un hombro en el que apoyarse para no resbalar, en el que ver que no todo estaba tan mal, y que era sólo que su cabeza necesitaba descansar, un hombro para saber que podía contar con alguien, alguien que no la juzgase, que la entendiese y que la escuchase, alguien que la dijese: “grita, yo estoy aquí, y yo gritaré contigo”.

Aquella chica era Paula, la chica que, uno de sus mayores defectos, era que siempre estaba por y para los demás, que siempre estaba alegre y sonriente para todo el mundo, y que se cobijaba en los problemas de los demás para no sacar a la luz los suyos, pero cuando salían, Paula era una bomba, la más dañina de todas, que podía explotar en cualquier momento y en cualquier dirección, y nadie estaría a salvo de ser lesionado.

Y estaba muy bien eso de ayudar al prójimo, pero, ¿qué había de lo que quería Paula, de lo que necesitaba?

No tenía ni idea de lo que quería, de lo que realmente le valía para estar bien al completo. Pero sí tenía muy claro que no quería revivir nada de su pasado, viviría con muchas secuelas que iría arrastrando. Había sonreído poco y callado mucho, pero eso, poco a poco, lo iba rectificando.

Se dio cuenta de que todo lo que necesitaba para ser feliz lo tenía ella misma, que no necesitaba nada de nadie, y que quien entrase en su vida, fuera de la forma que fuera, era porque le ofrecía lo que Paula necesitaba, nada malo todo bueno, no se iba a conformar con menos, ya no.

No quería etiquetas, no quería dependencia, pero tampoco quería tener menos de lo que a ella le salía ofrecer, no quería volverse loca cada vez que se le juntaba todo por no saber qué pensaba el otro lado de aquella cama. Quería tranquilidad, dejar de tener que inventarse los pensamientos de los demás, quería escuchar ciertas palabras que no sabía si llegarían, aunque sea contradictorio viniendo de Paula, una persona que expresaba sus sentimientos a través de palabras y textos. Paula sólo quería calma en su vida.

Y esta noche, tumbada en su cama, sólo se preguntaba: “¿Dónde está ese hombro que tanto necesito ahora?”

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