Aléjate de mí

Luis se alejó. Se alejó de ella y siguió su día a día. En aquella conversación se lo había dejado demasiado claro: “Me duele verte con ella. Prefiero mil veces que te tires a veinte personas al día a que tengas sentimientos por una más. Verte con otra como estás conmigo me duele, y no estoy para que me duelan las cosas”. No, No quería hacerla daño, a ella no. Siempre le había sido sincero, no le había ocultado nada, y eso hacía que Paula siempre tuviese la opción de tomar su propia decisión. Claro que era especial para él, claro que era importante para él. Cómo se había comportado con ella, cómo se había confesado con ella y le había contado cosas que sólo su familia sabía, pues claro que era importante para él. No sabía el significado de complicidad con alguien hasta que conoció a Paula.

Pero, también estaba Cristina, era divertida y se lo pasaba bien con ella. Nunca se enfadaba, nunca le era sincera y le decía lo que se le pasaba por la cabeza, sólo había risas, planes y buenos ratos. Ella no le pedía nada, no hablaban, sólo le ofrecía su tiempo y él estaba muy entretenido. A él le valía. Si no le hablaba de sentimientos, le valdría.

Así que, después de esa conversación con Paula, pasaría más tiempo con Cristina, ahora la necesitaba más, necesitaba llenar ese hueco vacío que Paula le había dejado. Le daba pena, no quería perderla de su vida. Paula no era para él sólo un bonito cuerpo, no, le proporcionaba muchas más cosas pero, ¿amigos?, ¿podría ser sólo amigo de Paula? Pensaba que sí, pero, definitivamennte, se dio cuenta de que estaba equivocado. Cada vez que tenía a Paula a centímetros de él, no podía dejar de mirarla a los ojos, su cuerpo reaccionaba y su boca se convertía en un imán. Y él no quería luchar contra esa fuerza, él sólo quería que todo siguiese igual, poder besarla y disfrutar de su sabor, que le desnudase y que se olvidasen por un rato del reloj. No, así no podía ser su amigo. No podía hacerle daño a Paula. Sacrificaría sus sentimientos y lo haría por ella.

Por suerte Cristina estaba ahí, era lo que necesitaba, estar ocupado y entretenido, y ella siempre tan cariñosa y atenta, siempre pendiente de él. Ese era el plan de Luis. Ya no serían tres, se alejaría de Paula y se encargaría de disfrutar con Cristina, de que no les faltase nada. Pero, ¿Luis se creeía realmente que el recuerdo de Paula se esfumaría, que su olor desaparecería algún día de su almohada? Sólo ella sabía lo que pensaba en aquel momento sin necesidad de tenerle delante.

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