No importan los días que pasen

Hacía tiempo que Paula no quedaba con Luis. No existía ningún motivo oculto, simplemente, no se había dado el caso. En ese tiempo, Paula estuvo quedando con sus amigas, cuidando de su hija y, sí, quedando con otros chicos. Quedaban, se reían, se tomaban unas copas y, si les apetecía, acababan en la cama. A Paula le encantaba tontear, sentirse atractiva y darse cuenta de que iban detrás suya, le gustaba jugar, y no quería renunciar a ese juego por nada del mundo. Pero, sí era cierto que, la conexión que tenía con Luis, esa confianza que habían conseguido en tan poco tiempo, hacía que Luis fuese Luis y el resto se quedasen en eso, el resto. Sólo él conseguía que no estuviese a la defensiva, sólo con él podía ser la tía más cerda del universo y tres minutos después un mimoso osito de peluche. Se lo pasaba bien con otros, claro, pero no era lo mismo, a cada uno le faltaba algo que Luis sí le daba: sinceridad, sencillez,confianza, seguridad para sentirse ella misma en cada momento…

“Hola cielo, ¿tienes a la niña hoy? Si quieres podemos hacer algo.”

Ah, se le olvidaba, también le leía el pensamiento, y aparecía en el momento perfecto. Le acababa de llegar un mensaje de él. Buscaría un buen plan para reencontrarse después de tantos días.

“A las 20:00h estoy por tu barrio. Esta noche elijo yo el plan, pero mañana nos toca improvisar sobre la marcha, que nos encanta hacerlo”

Y así era, les encantaba ir minuto tras minuto viendo qué les deparaba el día, sin ningún compromiso ni ningún horario, sólo a lo que surgiese.

No se acostumbraba a subir esas escaleras, y tampoco quería hacerlo, sabía que en algún momento dejaría de subirlas, pero hasta que eso llegase, disfrutaría hasta de cada instante.

– Vístete cómodo nene. Vamos a ir a que me enseñes a jugar al billar y a que yo te enseñe cómo se tira un dardo.

Aún era pronto y no tenían ninguna prisa, así que se lo tomaron con toda la calma. Mientras Luis se duchaba, Paula organizaba un plan maléfico en su cabeza, que tardaría minutos en llevarlo a la práctica.

Le guardó la ropa que había sacado para ponerse al salir de la ducha y, en su lugar, colocó la suya propia que se acababa de quitar. Salió de la habitación, esperando que saliese a buscarla, y cuando lo hiciese, volvería para esperarle en el baño, frente al espejo, el lugar favorito de los dos.

No tardó en encontrarla, apoyada con la cara en el espejo y las manos en la pared, sacando culo, como a él le gustaba tenerla, follándola, mientras se veían cómo disfrutaban a través del espejo.

-Pequeña juguetona.

Luis le dijo estas dos palabras al oído. Paula miró al espejo y ahí estaba él, completamente desnudo, como ella, detrás suyo, rozando su cuerpo con el suyo. Al escuchar su voz no pudo evitarlo y se dio la vuelta, quedándose de frente a él, y le besó con tanta pasión y añoranza que no quería terminar ese beso, quería tenerle dentro de ella con ese mismo beso. Luis la agarró y la sentó en el lavabo. Le metió dos dedos, y empezó a moverlos fuertemente, a la máxima velocidad que podía hacerlo. Quería llevarla al límite, sin dejarla llegar al final, por ahora. Ella echó la cabeza hacia atrás, hasta ver su rostro y el de Luis en el espejo. Abría más las piernas, y no paraba de gemir, tanto que los gemidos se convirtieron en pequeños gritos y, cuando tenía en la boca su grito final, Luis sacó sus dedos y paró, ayudándola a bajar del lavabo. Luis le dio la vuelta, poniéndola frente al espejo. Empezó a recorrer todo su cuerpo con sus manos, disfrutándola con cada caricia que le daba con la punta de sus dedos. Pasó por sus labios y bajó hacia el cuello. Recorrió sus pequeños pechos, y siguió bajando hasta su clítoris, viendo en cada momento la reacción que tenía el cuerpo de Paula, dibujada en su rostro.

Luis se introdujo dentro de ella, moviéndose sin ningún control. Paula dejó sus manos contra la pared, empañando el espejo con cada gemido que salía de su boca. Él le puso sus dedos en los labios, y Paula se los metió en la boca, degustando su propio sabor.

Esta vez Luis no se quitó, dejó que disfrutase de su orgasmo a la vez que él también lo tenía, corriéndose dentro de ella, con sus dedos aún dentro de su boca para disimular el grito, y sus ojos fijados en el espejo.

-Creo que debemos volver a la ducha antes de irnos.

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