¡Basta!

“Tienes que hacer la compra, la comida antes de la 13:00h. Recuerda ir a la farmacia a por tus pastillas. Ah, y que no se te olviden los pañales. Anda más deprisa que no llegas. ¿Has engordado un poco? Estás asfixiada. Quedaste en llamar a Claudia a las 17:00h para ver qué tal le iba todo en su nuevo trabajo. Deja el móvil, por culpa de ese Luis te vas a torcer un tobillo. No llegas. Luego dices que no te da tiempo. ¿Quieres ir más deprisa? ¡Uy, qué vestido tan bonito! Te quedaría estupendo con tus curvas pero, ni lo mires, no tienes dinero. Fruta, que no se te olvide la fruta y, cuando llegues a casa, preparar los papeles de la guardería, que mañana tienes que entregarlos. Venga, mujer, no pongas caras. Mírate, ¿eres consciente de que vas por la calle, sola, y la gente te mira porque sonríes como una idiota a la pantalla de un móvil?Pum… Te lo dije, que ibas a ir al suelo. Encima no tienes otro sitio donde caerte que en el único charco que quedaba. Estás estupenda. Empapadita. ¡Mira, como a ti te gusta que te tenga Luis!

-¡Basta, joder, basta ya!

Paula pegó un grito, parándose en seco y haciendo que se girase a observarla toda la gente que en ese momento había a su alrededor. Estaba sola, no gritaba a nadie. La gente la miraba como si estuviese loca y, en cierto modo, así era. Ellos no le oían, pero ella sí, de hecho, no se callaba. Su queridísimo cerebro no dejaba de funcionar y no le daba un segundo de respiro. ¿Ese dichoso aparatito no tenía un botón “off”?

Olvidándose de todo, cerró los ojos en mitad de la calle y contó hasta diez, respirando profundamente, sin prisa. Cuando los abrió de nuevo estaba más relajada. Aun así, necesitaba parar y darse una pausa, para ella. Estaba frente a un bar con terraza y fue directa. Una cervecita, con un poco de suerte, hiciese que su cerebro se olvidase de hablar.

-¿Qué va a tomar, señorita?

¡Vaya! Con todas las veces que pasaba por esa esquina,¿por qué nunca se había fijado en ese camarero?

-Una jarra de cerveza, por favor.

Y, ahora sí, Paula disfrutaría de su ratito de descanso, desconectando de cerebro y de móvil. Y es que tenía todo ahora mismo, hasta unas maravillosas vistas.

Benditos bares…

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