El reencuentro

Y ahí estaba Paula, subiendo esas escaleras que con tantas ganas había esperado. Temblaba, como si nunca antes hubiese hecho ese camino. Lo había preparado todo a la perfección, sólo para sorprenderle. LLevaba su mejor picardías debajo de su ropa, unas botas bien altas que remarcaban su figura, y unas medias que se había puesto sólo para que se las arrancase.

Por fin llegó a la puerta. Ahí estaba él, esperándola, tan guapo como siempre, con esa sonrisa que tanto le caracterizaba. Antes de acercarse, se dejaron devorar con los ojos. Sí, ahí estaba esa mirada que no dejaba duda alguna de lo que iba a volver a pasar en esa casa. Fue directa hacia él, le besó con la pasión que llevaba mucho tiempo guardando. Esa noche iba a sacarla toda.

Luis la empotró contra la pared. No quería parar de besarla, así que la agarró por debajo de sus nalgas y la elevó, dejando que sus cuerpos se rozasen mientras se dirigían a la habitación.

La tiró a la cama y empezaron a volar las prendas de ropa. Ahí estaba esa sonrisa pícara que Paula buscaba, había vuelto a sorprenderle. Se volvió loco al verla con el picardías puesto, y no pensaba quitárselo, al menos por el momento.

Se tumbó encima de ella y le metió dos dedos, a la vez que lamía todo su cuello. Él no iba a parar, ni bajaría de velocidad, quería empaparse de ella y todo apuntaba a que iba a conseguirlo. Ella se retorcía, sabía perfectamente dónde tocarla para volverla así de loca. Lo estaba disfrutando como nunca, no quedaba mucho para que estallase.

Luis fue bajando su lengua desde el cuello hasta debajo de su ombligo, sin saltarse ni un centímetro de recorrido, y mientras, seguía haciéndola disfrutar con sus dedos. Sacó sus dedos y metió su lengua.

Empezó a saborearla. Estaba empapada y a él le encantaba tenerla así. Lo hizo suave, lentamente, casi como si sólo la rozase con su lengua.

Ella pedía más y él poco a poco se lo iba dando. Fue subiendo la intensidad, compaginándolo con sus dedos. Paula iba a explotar, tenía el cuerpo contraído, y entonces, el placer que sentía salió en forma de un grito. Luis notó en sus dedos que Paula había terminado.

Ahora era Paula quien disfrutaría de su menú.

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