Fácil

No le había sido difícil quedar con Luis. Algo le decía que ese chico se parecía a ella bastante.

Llevaban un par de días hablando por teléfono. A Luis le gustaban las cosas claras y no perder el tiempo, no era una persona que se andase con rodeos. Lo que no sabía aún, es que Paula tampoco lo era, y con él no haría una excepción.

Fue Paula quien empezó a hablarle en privado. Ella no era de las de esperar sentada. Así que un día le habló, porque le daba la gana y porque podía hacerlo.

Se entendían bien, coincidían en varias aficiones, gustos… y en otras eran polos opuestos, pero siempre encontraban una excusa para reírse.

Decidieron quedar para tomar algo y charlar, aunque en la cabeza de Paula, el desenlace que se imaginaba todo el tiempo acababa en el mismo lugar: la cama de Luis.

LLegaba tarde. Paula odiaba esperar, pero por una extraña razón, estaba tranquila, hoy no le importaba hacerlo.

Se había puesto un pantalón ajustado que remarcaba su trasero, una camisa clara que resaltaba su escote, y había usado su pintalabios rojo para la ocasión. Estaba muy guapa. Hoy, el brillo de sus ojos verdes le conjuntaba a la perfección con su sonrisa.

Ahí llegaba Luis. Habían quedado en la boca del metro, así darían un paseo por el barrio antes. Acababan de reunirse y ya la estaba haciendo reír. Eso le gustaba. Luis era tan gracioso y espontáneo, que a Paula le encantó nada más verle. Lo cierto es que las horas de ese día se le hicieron minutos y los minutos segundos.

Bebieron, bailaron, hablaron y rieron. Ahí estaban, dos jóvenes que se encontraron por casualidad y que ninguno tenía pelos en la lengua. Si pensaban algo, lo decían.

Hacía rato que la tensión entre ellos estaba disparada, y Paula, una vez más, fue quien la eliminó. Le miró a los ojos con esa mirada morbosa que tenía en ese momento y le besó, sin darle tiempo a Luis de reaccionar. Dejaron de importarle la gente que tenían a su alrededor, sólo estaban ellos, besándose y rozando sus cuerpos, queriendo, cada segundo que pasaba, más y más.

No, no quería irse así. Sería una locura, pero ahora su cabeza no pensaba con la razón.

-Voy al baño. Tienes dos opciones: acompañarme o esperarme aquí. Tú decides.

Paula no daba crédito. Esas palabras habían salido de su boca y se había quedado tan tranquila. Luis no contestó, pero su mirada le decía que la iba a comer, aquí y ahora. Así que, con una sonrisa de oreja a oreja, la cogió de la mano para levantarla y fue siguiéndola hasta el baño.

No había nadie. Entraron a un baño de chicas y cerraron la puerta. Paula le bajó los pantalones. No sabía qué le hacía ese chico a su cuerpo, pero reaccionaba sin vergüenza alguna.

Le besó el cuelo, a la vez que le bajaba también los calzoncillos. Bajó la mano, acarició su polla suave y lentamente, y se agachó para metérsela en la boca. Hoy iría de menos a más. La besó con dulzura, de arriba a abajo y empezó a lamerla, poco a poco, disfrutando del momento, olvidándose de dónde estaban. Él gemía y ella empezó a coger velocidad. Jugaba con su boca a la vez que con sus manos. Él empezaba a tensarse. Le colocó las manos entre sus piernas y se la metió entera a la boca. La sacaba y se la volvía a meter, aspirándole hasta dejarle seco.

Luis la levantó y se agachó él. Le bajó los pantalones y el tanga y se los quitó de una pierna. Le elevó una pierna y se la colocó encima de la tapa del váter. Colocó su cabeza justo debajo de ella. Le metió los dedos hasta lo más hondo que llegaban y los sacó con rapidez. Volvió a meterlos, jugó con ellos moviéndolos dentro y los sacó de nuevo. Ahora daba paso a su lengua. Disfrutaba comiéndola. Lamía sus labios, su clítoris, con suavidad. Introdujo su lengua dentro de ella y la hizo gemir, a la velocidad y presión adecuadas. A Paula le temblaban las piernas. Cogió a Luis y le tiró hacia el baño, dejándole sentado. Ella se puso encima, le agarró del pelo y empezó a follarle. Las manos de Luis disfrutaban del culo de Paula, y la boca lo hacía de sus tetas. Ella echó la cabeza hacia atrás. Lo estaba disfrutando y estaba a punto de correrse. Él también. Cogió más velocidad. Él le apretaba el culo con sus manos y ella lo hacía con su pelo. Los dos gimieron a la vez.

Se vistieron y salieron del bar sonriendo.

-Quédate a dormir.

-Sólo si preparas la cena.

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